La madurez afectiva de Jesús de Nazaret (P. Miguel Ángel Fuentes, IVE)

Un catedrático de psiquiatría ha sostenido recientemente que “la sociedad actual padece de inmadurez afectiva”. Nada que objetar. Hay que ser ciego para no verlo ni padecerlo. Habría que añadir tan solo que esa misma sociedad, precisamente por su inmadurez, es incapaz de ofrecer a sus miembros inmaduros un concepto claro de qué debe entenderse por madurez y un arquetipo que la encarne. Esto último sobre todo, porque en la educación de la personalidad, la ejemplaridad y la imitación son esenciales. El trabajo psicológico, afectivo y moral es, en gran medida, un proceso imitativo, como el que realizan los niños al observar a sus padres (para bien o para mal). La madurez afectiva no se logra si no se recibe la inspiración de un paradigma atractivo, firme y seguro, en el que se aprecie lo que el discípulo aspira a materializar en sí mismo.
Los cristianos corremos en esta competencia con mucha ventaja. Incluso ya estamos en la meta antes de la largada. No porque nosotros seamos los dechados de la madurez, pero sí porque sabemos dónde buscarla (si quisiéramos). Porque Jesús, el divino maestro, es el modelo inequívoco de madurez afectiva y psicológica. Él es el hombre perfecto y, en cuanto tal, el único capaz de “manifestar plenamente el hombre al propio hombre” y “descubrirle la verdad sobre el hombre”. De ahí que “quien contempla a Cristo (…) descubre también en Él la verdad sobre el hombre” (san Juan Pablo II).
En esta conferencia, que ofrezco a continuación, trato de mostrar algunos rasgos de esa madurez afectiva, volitiva, intelectual e incluso sexual, del más grande de todos los arquetipos posibles: de Jesús de Nazaret.

P. Miguel Ángel Fuentes, IVE
5 de junio de 2020. Mes del Sagrado Corazón de Jesús.

 


Enlace a youtube: Madurez Afectiva de Jesús de Nazaret

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