Nunca me cansaré de hablar de Jesucristo (P. Miguel A. Fuentes, IVE)

Medio millón de alemanes ha dejado la Iglesia Católica en 2022. La razón, en definitiva, es una sola: no han encontrado quién les predique de Jesucristo. Del verdadero Jesús, del Jesús de los Evangelios, del Jesús por el que los mártires se dejaron matar, las vírgenes abrazaron la castidad perfecta, los monjes se adentraron en los desiertos, los misioneros gastaron sus vidas en las selvas y estepas, los esposos cumplieron sus promesas de fidelidad hasta la muerte, los enfermos ofrecieron con paciencia sus dolores y los viejos cerraron sus ojos con la esperanza de abrirlos de nuevo viendo a Dios cara a cara, como un amigo mira a su amigo. Si no nos hablan de Jesús, ¿qué sentido tiene ser católico? ¿Para qué profesar una fe que ha perdido su sustancia y no nos distingue del mundo? ¿Para qué creer en alguien que murió en una cruz para que seamos iguales a cómo éramos antes de que él se desangrara entre tormentos crueles? Si nuestro Jesús no es el Pedro y Pablo, el de Juan, el de Tomás y el de Mateo…, la puerta por la que pasó con tanta celeridad este medio millón, seguirá abierta y con una hemorragia aun mayor. Esto no es profecía, es sentido común.

«Yo nunca me cansaría de hablar de Jesucristo; él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos. Éste es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra condición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os repito su nombre, a todos lo anuncio: Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico. ¡Jesucristo! Recordadlo: él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos» (Pablo sexto, Homilía pronunciada en Manila el 29 de noviembre de 1970).

P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

2 de julio de 2023

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Un comentario:

  1. Lucio Villafañe

    ¡AMÉN!

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