“Las verdades robadas” en albanés (Të vërtetat e vjedhura)

Verdades Robadas albanesMe acaba de llegar la noticia de que ha sido publicado en albanés mi libro Las verdades robadas, traducido con el título Të vërtetat e vjedhura.

Este libro, escrito principalmente para estudiantes universitarios, fue publicado originalmente por EDIVE, en Argentina, en español (2005), y reimpreso varias veces. Luego se editó también en español en New York (2006) por IVEPress. Ha sido traducido al portugués (Verdades Roubadas) y en italiano (Le verità rubate). Sé que está casi lista la traducción al inglés, aunque todavía no ha sido publicada.

La presente edición ha sido traducida por Shega Mirashi y Silvana Qosaj y ha sido publicada por la Editorial Yllber, de Tirana, Albania, en una edición de 394 páginas.

Publico a continuación el Prólogo que escribí para esta edición que considero muy importante, por cuanto representa Albania, tierra de mártires y de la beata Madre Teresa de Calcuta, para la Iglesia y para el mundo.

 

Prólogo para la edición albanesa

Hace ya diez años, en 2005, publiqué la primera edición en español de este libro que nació del afán de ayudar a algunos jóvenes a universitarios a preservar el don más grande que Dios da a quien lo busca por el camino de la ciencia: la verdad. El libro explica por qué y por quién esa verdad es amenazada. Desde entonces se han multiplicado las ediciones en español y ha sido traducido y publicado también en portugués, en italiano, y desde hace tiempo, está preparada una versión en inglés esperando su puerto para poder echar anclas entre los angloparlantes. Ahora veo con gran alegría que también llega, en su propia lengua, a la querida Albania, tierra de testigos y de santos, por la que he rezado desde que era seminarista (¡y tengo treinta años de sacerdote!) cuando hacía, durante la cuaresma, el Vía crucis de la Iglesia perseguida, la “Iglesia del silencio” o “Iglesia mártir”, algunas de cuyas estaciones contaban ejemplos heroicos de mártires y testigos de la fe albaneses.

Y no es para menos. Porque ¿dónde mejor cuaja predicar sobre la verdad que en tierra que ha sido regada por sangre a causa de la fidelidad a la verdad? El amor a la verdad no puede manifestarse de manera más sublime que dando la vida por ella.  “Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra” profetizó la Verdad encarnada mientras ascendía a los cielos (Hch 1,8). Los miles –y cientos de miles– de mártires de todos los tiempos –y de este mismísimo hoy en que vivimos y en que yo escribo estas líneas– dan fe de que sus palabras se han cumplido y se seguirán cumpliendo hasta que Él vuelva.

Para que no nos roben la verdad que Dios ha labrado en nuestros corazones, estos deben cerrarse sobre ella con la llave del amor. Solo el amor de la verdad nos permitirá defenderla como a una hija, a una madre, a una hermana, a una novia o a una esposa amenazada. Que cada cual vea qué lazos de amor le cuadran mejor a esa relación tan profunda, tan íntima, tan consanguínea, que se establece entre el amante de la verdad y la verdad amada. Pero siempre será cierto que a la verdad se la sirve con la inteligencia, conociéndola, y con el corazón, amándola con pasión. Y digo sin ninguna duda que más malos ratos le hacen pasar los que la conocen sin amarla, que los que aman aunque la conozcan poco. Los primeros, aunque la posean en sus mentes, poco a poco se van desencantando de ella; los últimos, cada día la irán amando más, según la puedan ir descubriendo, en un idilio que jamás terminará. Porque este sí que es un matrimonio para la tierra y para el cielo.

A todos los lectores, especialmente a los jóvenes y universitarios, les deseo –y rezo por ello– ese amor ardiente.

P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

San Rafael, Argentina

Marzo de 2015

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