Aconsejar a alguien de que no asesine es hoy un delito (P. Miguel Fuentes, IVE)

mafaldaSí, a este delirio hemos llegado. ¿O deberíamos decir –para ser exactos– protervia? Me entero por la noticia de Notivida, del 27 de abril de 2017 (Notivida, n. 1043) que “el Colegio de Psicólogos de Santa Fe [Argentina] intenta sancionar a una psicóloga de Grávida que acompañó a una niña de 11 años embarazada tras una violación. La niña resolvió dar a luz el año pasado y entregar a su hijo en adopción «para que sea feliz». Meses después, el Colegio de Psicólogos de la provincia tomó la decisión de suspender la matrícula de la terapeuta por «faltas éticas» [porque] entienden que «orientó el caso según sus intereses». La decisión fue recurrida ante la justicia que deberá resolver ahora si cabe –o no– castigar a la profesional”.

Quizá nuestra amiga, la licenciada Mónica del Río, haya entendido incorrectamente al Colegio de Psicólogos santafesinos, que estarían deliberando qué mención de honor o premio le correspondería a la profesional que ayudó a la niña, ya lacerada físicamente, a mantener su inocencia espiritual sin mancharse de la sangre del otro inocente implicado en este asunto a quien llevaba en ese momento en su seno, y a evitar un descalabro psíquico del que no se iba a librar nunca más el resto de su vida. De todos modos, aunque yo la pondría en un pedestal por los tiempos que corren, convengamos que no hizo más que lo que uno espera de cualquier persona decente: tratar de que los demás no maten y que no se vuelvan locos.

O quizá la Editora no entendió incorrectamente sino que transcribió mal y no se refería al Colegio de Psicólogos, sino al de Enfermos Mentales, lo que explicaría perfectamente la actitud. Pero no me cierra, porque tengo entendido que los enfermos psíquicos no están, por el momento, colegiados ni sindicados. Además, las personas psíquicamente enfermas que yo conozco, que son muchas, y las que atienden mis amigos psicólogos, que son muchísimas más, no suelen tener este tipo de gestos trastornados, salvo en casos excepcionales y de patologías muy severas.

De hecho, este tipo de actitudes cuadran solo con la idea que yo tengo de los depravados, no de los enfermos, que son gente que sufre, a menudo sin culpa propia.

Retorcidos son, ciertamente, los abortistas que en un primer momento “habían convencido a la menor embarazada y a su madre de que «interrumpan el embarazo», sin explicarles en qué consiste la práctica y sin mostrarles más opciones. Cuando Grávida se les acercó para brindarle información, suponían que después de la «interrupción» el bebé iba a vivir. En el momento en que les explicaron en qué consiste el aborto la mamá exclamó: «pobrecito, él no tiene la culpa». Ella y su hija decidieron entonces seguir adelante. Cuando llevaban a la gestante al quirófano para hacerle la cesárea, ésta le decía a su madre: «exigí que el bebé se quede con una familia que lo haga feliz». Ella misma eligió el nombre del niño, le puso Francisco. Grávida tomó conocimiento del caso en el Hospital Iturraspe de Santa Fe y –junto a sus profesionales– acompañó a la pequeña y a su familia, durante el embarazo y el parto. Al día de hoy la siguen asistiendo”. Esto es lo que nos cuenta Notivida.

También nos dice que fue una psicóloga del Hospital Iturraspe “quien denunció a la voluntaria de Grávida, Lic. María Belén Catalano, ante el Colegio de Psicólogos de Santa Fe que, a raíz de eso, intenta suspenderle la matrícula”. ¿A cuál de las dos? El Colegio se la quiere suspender a la denunciada. Tendría que hacerlo con la denunciante. O quizá haya que mandar a los del Colegio a un Reformatorio. O conseguirles un buen psicólogo.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

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