Uno que habla como se debe (¿pero nosotros oímos como “se debe”?)

Corazon-VendeeAunque varias páginas han reproducido la hermosa a la vez que valiente homilía pronunciada por el Cardenal Sarah el 12 de agosto pasado en Saint Laurent sur Sèvres, en Vandea (La Vendée) Francia, me hago eco de ella por si alguno de los lectores de este blog no la ha recibido por otro medio. Es un texto que es necesario leer y gozar. El Cardenal Sarah, gloria de la Iglesia en África, nos ha maravillado en los últimos años con dos libros que muestran la nobleza de su espiritualidad y la agudeza de su inteligencia (“Dios o nada” y “El poder del silencio”). El mayor homenaje que se hace a un predicador no es aplaudirlo —aunque se lo merezca, como en este caso— sino poner en práctica lo que enseña. Solo si tomamos a los verdaderos maestros por maestros eficaces, es decir, capaz de transformar realmente nuestros corazones y nuestras vidas, Dios nos concederá la gracia de darnos más maestros del mismo temple. Si solo nos gozamos de sus palabras, “como de talanquera”, como decía san Juan de Ávila, es decir, como espectadores de teatro… nos habremos ganado lo que merecen los que aprueban y festejan pero no practican: pastores mediocres y predicadores ramplones.

 

Extracto de la homilía del 19º. Domingo del tiempo ordinario (12 de agosto de 2017): Cada cristiano, espiritualmente, ¡es un Vandeano[1]!

Por S.E. Cardenal Robert Sarah.

 

[…] Mis hermanos, nosotros los cristianos, ¡necesitamos este espíritu de los Vandeanos [2]! ¡Necesitamos de este ejemplo! Como ellos, necesitamos dejar nuestras siembras y nuestras cosechas, dejar atrás nuestros campos, para combatir, no por intereses humanos, ¡sino por Dios!

Hoy entonces, ¿quién se levantará por Dios? ¿Quién osará enfrentar a los perseguidores modernos de la Iglesia? ¿Quién tendrá el coraje de levantarse sin más armas que el Rosario y el Sagrado Corazón, para enfrentar las columnas de la muerte de nuestro tiempo que son el relativismo, el indiferentismo y el desprecio a Dios? ¿Quién dirá a este mundo que la única libertad por la que vale la pena morir es la libertad de creer?

Mis hermanos, como nuestros hermanos Vandeanos de otro tiempo, ¡hoy somos llamados a dar testimonio, es decir, al martirio!

Hoy, en Oriente, en Pakistán, en África, nuestros hermanos cristianos mueren por su fe, aplastados por las columnas del Islamismo perseguidor.

Y tú, pueblo de Francia, tú, pueblo de La Vendée (Vandea), ¿cuándo te levantarás con las armas pacíficas de la oración y de la caridad para defender la fe?

Amigos míos, ¡la sangre de los mártires corre pos sus venas, séanle fieles!

¡Todos nosotros somos espiritualmente hijos de la Vandea mártir! Incluso nosotros, Africanos, ¡que hemos recibido tanto de los misioneros Vandeanos que fueron a morir en nuestra tierra para anunciar a Cristo!

¡Debemos ser fieles a su herencia!

El alma de estos mártires nos rodea en este lugar. ¿Qué nos dicen? ¿Qué quieren transmitirnos?

En primer lugar, ¡su coraje! Cuando se trata de Dios, ninguna deshonestidad es posible. ¡El honor de Dios no está en discusión! Y esto debe comenzar por nuestra vida personal, de oración y de adoración. ¡Es tiempo, mis hermanos, de rebelarnos contra el ateísmo práctico que asfixia nuestras vidas! Recemos en familia, dejemos a Dios el primer lugar. ¡Una familia que reza, que ora, es una familia que vive! Un cristiano que no reza, que no saber dar lugar a Dios mediante el silencio y la adoración, ¡termina muriéndose!

Del ejemplo de los Vandeanos, debemos aprender también el amor al Sacerdocio. Debido a que sus “buenos sacerdotes” estaban amenazados es que se rebelaron.

Ustedes, los más jóvenes, si quieren ser fieles al ejemplo de sus mayores, ¡amen a sus sacerdotes, amen el sacerdocio! Ustedes deben preguntarse: Y yo, ¿estoy llamado también a ser sacerdote a ejemplo de todos esos buenos sacerdotes martirizados por la Revolución? ¿Tendré yo también el valor de dar mi vida entera por Cristo y mis hermanos?

Los mártires de Vandea nos enseñan de nuevo el sentido del Perdón y de la misericordia. De cara a la persecución, de cara al odio, ellos guardaron en su corazón el anhelo de la paz y del perdón. Recuerden cómo el general [Charles de] Bonchamp [3] hizo liberar cinco mil prisioneros unos minutos antes de morir. Sepamos enfrentar el odio sin resentimiento y sin amargura. Somos la armada del Corazón de Jesús, ¡como Él, queremos estar llenos de dulzura!

En fin, de los mártires vandeanos, necesitamos aprender el sentido de la generosidad y del dar gratuitamente.

Vuestros ancestros no han peleado por sus propios intereses. No tenían nada qué ganar.

Ellos, hoy nos dan una lección de humanidad. Vivimos en un mundo marcado por la dictadura del dinero, del interés, de la riqueza. El gozo del dar gratuitamente es sobretodo despreciado y desdeñado.

Sólo el amor generoso, el dar desinteresadamente la propia vida para vencer el odio a Dios y de los hombres, que es el seno de toda revolución. Los vandeanos nos han enseñado a resistir todas estas revoluciones. Nos han mostrado que frente a las columnas infernales, como frente a los campos de exterminación nazi, frente a los gulags [campos de concentración] comunistas, como frente a la barbarie islamista, no hay más que una sola respuesta: Darse a sí mismo, dar toda la propia vida. ¡Sólo el amor es vencedor de las fuerzas de la muerte!

Hoy todavía, más que nunca tal vez, los ideólogos de la Revolución quieren acabar con el lugar natural del darse a sí mismo, de la generosidad gozosa y del amor. ¡Hablo de la Familia!

La ideología de género, el desprecio a la fecundidad y a la fidelidad son los nuevos lemas de esta revolución. Las familias se han exterminado como aquellas en Vandea. Se planifica metódicamente su desaparición, como en otro tiempo aquellas de la Vandea.

Estos nuevos revolucionarios se inquietan frente a la generosidad de las familias numerosas. Se burlan de las familias cristianas, pues ellas encarnan todo lo que ellos odian. Están listos para lanzar sobre África nuevas columnas infernales para hacer presión sobre las familias e imponer la esterilización, el aborto y la anticoncepción. ¡África, como la Vandea, resistirá! Sobre todo, ¡las familias cristianas deben ser las gozosas puntas de lanza de una revuelta contra esta nueva dictadura del egoísmo!

Desde este momento, es en el corazón de cada familia, de cada cristiano, de todo hombre de buena voluntad, ¡que debe levantarse un Vandeano interior!

 

¡Todo cristiano es espiritualmente un Vandeano!

No dejemos que se apague en nosotros el darse generosa y gratuitamente. Sepamos, como los mártires de la Vandea, plasmar este don en su fuente: en el Corazón de Jesús. ¡Oremos para que una poderosa y gozosa Vandea interior se levante en la Iglesia y en el Mundo!

¡Amén!

 

S.E. Cardenal Robert Sarah

 

REFERENCIAS:

[1] ENLACEInfoCatólica. La horrenda masacre anticatólica de La Vendée

[2] Natural de Vandea o Vendée (Vendée, en francés) (85) es un departamento francés situado al oeste del país, en la región de Países del Loira. Sus habitantes se llaman, en francés, vendéens y vendéennes, o en español, vandeanos y vandeanas.

Debe su nombre al río Vandea, que atraviesa su territorio. Su prefectura, o capital del departamento, es La Roche-sur-Yon. VER ENLACE EN LA REFERENCIA 1.

[3] Charles Melchior Artus de Bonchamps (Juvardeil, Anjou, 10 de mayo de 1760-Varades, 18 de octubre de 1793) fue un militar francés y marqués de Bonchamps. Sirvió como general del Ejército Católico y Real de la Vandea durante la Revolución francesa.

En la segunda batalla de Cholet, el 17 de octubre, los rebeldes mal armados e indisciplinados sufren una derrota decisiva a manos de un mucho más pequeño ejército republicano. En ella, Elbée y Bonchamps son heridos gravemente. Al día siguiente, mientras los rebeldes cruzan apresuradamente el Loira, el marqués agonizante ordena a sus tropas liberar a unos cinco mil republicanos prisioneros encerrados en Saint-Florent-le-Vieil, a los que muchos rebeldes querían ejecutar en masa por venganza de la derrota y la muerte de su comandante. Pero los campesinos alzados, al saber que su agónico comandante pedía como último deseo la liberación de los prisioneros, cambiaron de opinión rápidamente.

 

[Traducción a partir del original en Francés por Dominus EstArtículo original]

Permitida su reproducción mencionando a DominusEstBlog.wordpress.com

 

 

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