Junto a la Cruz estaba su Madre (P. Miguel Ángel Fuentes, IVE)

“Y a ti una espada de dolor te atravesará el corazón” (Lc 2,35). Por eso se la llama Virgen de los Dolores o de las Angustias. Por las “angosturas” de su limpio Corazón. Por designio providencial Dios asoció los dolores de la Madre a la pasión su Hijo. Como nueva Eva, quiso Dios que estuviese junto a la Cruz del nuevo Adán. Ella estuvo junto a la cruz del Señor, firme en la fe, confortada en la esperanza, abrazada por el fuego de la caridad. Ella no dudó en exponer su vida, como nueva Judit, ante la humillación de su pueblo. Y los dolores que no sufrió al dar a luz a su Hijo, los padeció, inmensos, al hacernos renacer para Dios. Por eso la liturgia la glorifica diciendo: “Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la cruz del Señor”. San Bernardo ha escrito: “El martirio de la Virgen se nos manifiesta tanto en la profecía de Simeón como en la historia de la pasión del Señor… Verdaderamente os atravesó el alma una espada, puesto que sólo traspasando vuestro corazón podía penetrar en la carne de vuestro Hijo. Más aún: después que vuestro Jesús hubo entregado su espíritu, la cruel lanza que hirió su costado no tocó su alma, pero traspasó, ciertamente la vuestra; la suya, en efecto, no estaba ya allí, mientras que la vuestra no podía apartarse de aquel lugar… Así, pues, la fuerza del dolor atravesó vuestra alma. Y no es exagerado llamaros más que mártir, puesto que en Vos el sentimiento de la compasión excedió en mucho a cualquier dolor sensible que queda imaginar… No os sorprenda, hermanos, el oír llamar a María mártir en el alma”. Quién ama sufre con el amado. Ofrezco a continuación esta meditación de los sufrimientos más hondos de María, para acompañarla en la soledad de este Viernes de Pasión.

P. Miguel Ángel Fuentes

 

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Un comentario:

  1. Gracias. Dios bendiga al instituto, porque hacen un bien a los católicos

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