LECCIONES DE ÉTICA PROFESIONAL (X. PALABRAS CONCLUSIVAS)

X. PALABRAS CONCLUSIVAS

P. Miguel Angel Fuentes

salustri-carlo-alberto-triluss-disegni-umoristici-e-caricatur-1501784En su fábula El bar de la ilusión (Bar de l’illusione) el poeta romanesco Trilussa (Carlo Salustri) presenta a la Ficción y al Engaño como dos taberneros que venden en su bodegón, atendido por el Mago y la Bruja,

 “Sueños. Producción casera.

Esperanzas garantizadas por un año”.

 Y describe una enorme muchedumbre de hombres y mujeres que hacen fila para beberse su copa de fantasías y anhelos, porque –nos dice el trovador–, todos los hombres necesitan aspirar en la vida, aunque más no sea, a una ilusión fingida.

El hombre no puede vivir sin ideales, es decir, sin algo que le señale ruta, dirección y sentido a su vida. Y se forjará ideales aunque sean falsos o recibirá los que les repartan en los bodegones de “cultura”. Y cuando ni aun esto logre, quedará paralizado, se experimentará sin sentido y sin rumbo, y le sobrevendrá el vacío espiritual –y a veces la no tan peregrina idea de un escape hacia el suicidio silenciador.

A las páginas que concluyo con esta reflexión quizá les quede demasiado grande el título de “ética para profesionales”, e incluso el más modesto que he ensayado de “lecciones de ética”; sin embargo, aunque no sea más que una aproximación al tema, considero que aquí están planteadas las cuestiones fundamentales que enfrenta el profesional y el que se alista a serlo. Todo lo demás que puedan ofrecerle desde una impecable cátedra, será tecnicismo, importante por cierto, pero de una importancia derivada y secundaria.

Sin los grandes pensamientos, que se sintetizan en los que aquí he recordado, asistimos a ese espectáculo que hacía reflexionar con amargura, en una carta triste escrita poco antes de morir, al fino observador que fue Antoine de Saint-Exupery:

Hoy estoy profundamente triste. Estoy triste por mi generación, que se encuentra vacía de toda sustancia humana. Odio mi época con todas mis fuerzas. El hombre en ella muere de sed. ¡Ah!… no hay más que un problema, uno solo en el mundo: devolver a los hombres un sentido espiritual, inquietudes espirituales… No es posible seguir viviendo sin poesía, sin color, sin amor… Sólo hay un problema, uno solo: volver a descubrir que existe una vida del espíritu, más elevada aún que la vida de la inteligencia, la única que satisface al hombre… Lo propio de nuestra época es que el ser humano carece ya de sentido… Nos han cortado los brazos y los pies y después nos han dejado en libertad de caminar. Odio esta época en la que el hombre se ha convertido en… un ganado manso, educado y tranquilo… (Es) el hombre robot, el hombre hormiga, el hombre oscilante del trabajo en cadena… El hombre castrado de todo su poder creador… El hombre al que se alimenta con cultura de fabricación, con cultura standard, como se alimenta a los bueyes con alfalfa. Ese es el hombre de hoy… Rectos, nobles, limpios, fieles, ¡sí!, pero también terriblemente pobres. ¡Tendrían tanta necesidad de Dios!

Cuando no se plantean –y solucionan– los problemas que hemos enfrentado en estas páginas, los hombres y las mujeres que abrazan una profesión, estrujan junto con ella li decotti der Mago e de la Strega (los brebajes del mago y de la bruja) que le venden campechanamente en la bottega de la moderna universidad irreverente y eclipsada.

Vaya, pues, este modestísimo aporte, como intento de preservar tantas promesas encerradas todavía en los corazones de muchísimos jóvenes de nuestra patria.

 

FIN DE “LECCIONES DE ÉTICA PROFESIONAL”

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