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Mi fósforo (P. Miguel Ángel Fuentes)

fosforoMi fósforo (en Argentina llamamos fósforo, lo que otros llama cerilla).

Cada día, al tratar de responder, sin apartarme de las palabras de Jesucristo en los Evangelios ni de la más segura tradición de la Iglesia, las consultas que me llegan; al publicar mis modestos artículos o los de quienes considero dignos de ser leídos; cuando preparo mis prédicas o redacto los textos de mis clases y conferencias… experimento la sensación del “pobrísimo poco” que hago comparado con las toneladas de deletérea oscuridad que a cada instante el Error y la Mentira, la Confusión y la Anarquía vuelcan, como un negro río, en el contaminado mar de nuestra abatida humanidad.
Mis pocas páginas diarias parecen desaparecer como cabellos calcinados por el incendio voraz de noticias sesgadas, bulos, engaños, calumnias, supercherías, sin contar las leyes inicuas que en favor de la perversión se aprueban una tras otra, como las fichas de un dominó diabólicamente encadenado.
¿De qué sirven mis verdades, pobremente pensadas y mal escritas? ¿Cuántos las leen y a quiénes interesan, careciendo de la picardía de la obscenidad o la liviandad del chisme?
Siento que sólo enciendo un fósforo en esta Noche Final del mundo.
Y sin embargo, un fósforo es la diferencia. Un fósforo puede decidir el destino de esta batalla.
Cada vez que enciendo un fósforo, aunque solo se interese por él mi ángel tutelar, su luz chisporroteante y fugaz, rasga el pesado manto de esta Noche ética, y las Tinieblas sienten mi pequeño chispazo como una pedrada en medio de su único Ojo negro.
Y cada explosión luminosa de mis fugitivos fósforos son –siempre– una victoria de la luz. Pequeña, transitoria, pero fulgente.
Y son –siempre– una derrota de las tinieblas. Porque éstas jamás podrán ser plenas mientras un fósforo les arruine su telón de Nada.
Y con esa esperanza enciendo un fósforo tras otro, mientras pasan las horas nocturnales de este fin del mundo, y la Noche sopla desesperada para apagármelos, sabiendo –los dos, yo y Ella– que es cuestión de tiempo, porque Alguien prometió venir como un Rayo que iluminará el Universo. Y cuando llegue no habrá ya Tiniebla alguna.
Mi fosforo quizá sea una gran victoria. Porque para un Enemigo Grande, no hay derrota más humillante que la sufrida a manos de una insignificancia como yo.
Quien tenga un fósforo que encender, que lo encienda.

P. Miguel Ángel Fuentes

3 comentarios:

  1. Amén! Gracias por el ‘¡Ánimo!’ Sigamos encendiendo fósforos P. Miguel!

  2. Excelentes líneas, padre; muchas gracias!

  3. Querido Padre Miguel Ángel Fuentes: Su fósforo es una Antorcha para nosotros. Que Dios lo siga iluminando y bendiciendo.

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