Un nuevo libro (P. Miguel Ángel Fuentes, IVE)

Libro blogCon alegría comunico la publicación del libro que más años de trabajo me ha demandado. La búsqueda del Bien. Principios morales para tiempos de confusión (Edive, San Rafael, 2017; 592 páginas). Es el manual de teología moral con el que he enseñado esta materia durante casi 30 años.

Las ideas centrales de estas páginas, que aparecen aquí muy retocadas con el paso del tiempo, fueron escritas entre 1987-1990. La primera redacción estuvo lista en 1991. Un par de años más tarde, San Juan Pablo II presentó al público su fantástica encíclica Veritatis splendor (6 de agosto de 1993), donde los principios morales que había garabateado en mi escrito, así como los más importantes errores (exitosamente en boga en universidades y seminarios en aquellas décadas) que allí denunciaba, aparecían expuestos con meridiana claridad: los principios católicos asentados diáfanamente; los errores contrarios, refutados definitivamente. Al punto que me pareció innecesaria la publicación de un trabajo que no hacía más que concluir lo mismo que sostenía el gran pontífice moralista, y, probablemente, sin su característica concisión. Quedaron, pues, como meras dispensas “ad usum privatum” de nuestros alumnos.

Pero lo que parecía muerto, no estaba sino temporalmente destronado. En esta segunda década del siglo XXI, hemos visto resurgir de las cenizas la mayor parte de las desafortunadas doctrinas cuyas exequias parecía haberle cantado el Magisterio del último cuarto del siglo pasado. Y sus autores, que ya se habían retirado a cuarteles de invierno, volvieron paseados con aires de profetas injustamente silenciados. Como resultado, en el momento en que escribo estas líneas, la confusión se ha instalado en todas las esferas. Desde las más altas, en las que se oyen voces de pastores discrepantes entre sí sobre asuntos esenciales de la moral y de la fe cristiana –incluso sobre el valor de los mandamientos divinos, de la doctrina sacramental, de la moral conyugal, del pecado y de la conciencia– hasta las de los últimos fieles, algunos de ellos tan desconcertados que no parecen ya capaces de distinguir su mano izquierda de la derecha: pasando, claro está, por quienes curan sus almas, que, en cierta medida, aconsejan y enseñan lo que a cada uno le parece. Y esto a menudo con total desprecio de toda la tradición teológica y magisterial de la Iglesia. El descontento de unos, el desánimo de otros y el aturdimiento de los más, nos asemeja notablemente al pobre Odiseo (Ulises), “que dolores sufrió sin cuento en el mar, tratando de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros”, como cantó Homero. ¡No sea que el bardo cante de nosotros lo mismo que de su héroe: “mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo, pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas”!

Este es el motivo por el que he creído oportuno cepillar los tamos que se habían asentado sobre estos apuntes, actualizarlos en lo necesario, y ofrecerlo como respuesta de cuantos piden un pequeño madero al que aferrarse en este naufragio.

No tengo más pretensiones que encender una cerilla en esta densa y viscosa noche, en lugar de sentarme a maldecir sus tinieblas. Sabiendo, eso sí, que un lánguido farolito encendido en la noche perturba inmensamente a los ladrones de almas.

Odiseo-CirseUna palabra sobre la imagen que ilustra la tapa. En ella contemplamos la escena de Odiseo y Circe, del Parmigianino —Girolamo Francesco Maria Mazzola– (1503–1540). La hechicera Circe da de beber su pócima a Odiseo con la ilusión de convertirlo en animal y retenerlo a su lado, como ya había hecho con sus incautos compañeros. Odiseo —Ulises—, quien lucha por retornar a sus amores raigales —la patria, el hogar— y no hace más que toparse con obstáculos que intentan apartarlo de la meta que persigue con todo el ardor de su alma, es símbolo del hombre en busca de su plenitud y de cuanto da sentido a su vida; por tanto, del Bien que es Patria, Hogar, Reposo, Cumbre. El homo viator —hombre peregrino y caminante— que persigue el bien para el que ha sido hecho por su Hacedor. Bien que es, su mismo Hacedor. La búsqueda del bien por parte del hombre es —siempre— un regreso a Casa. Y tal es el argumento que explica la teología moral católica.

 

El Autor

San Rafael, 23 de junio de 2017

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

3 comentarios:

  1. Luis Cesar Fernandez

    Celebro que se decida a publicarlo. Por favor digame donde puedo adquirirlo. Salado fraternal y no ceje en su lucha. Lo acompañamos en oracion.

  2. Buen Día Padre, Soy de San Luis y me gustaría Adquirirlo me podría indicar como.

    Muchas gracias

  3. Buen día Padre! Gracias por escribir este libro! ¿Estaría digitalizado para leerlo?

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