Jesucristo y los demonios (P. Miguel Ángel Fuentes, IVE)

demoniosHoy, que parece que hay más demonios sueltos que en los tiempos de Cristo (lo que es solo un decir, puesto que Dios solo sabe cómo están las cosas), no viene mal recordar que la lucha contra Satanás ocupó un lugar muy importante en la vida de Cristo: “una de sus actividades típicas, dijo Juan Pablo II, fue precisamente la de exorcista” (3 de junio de 1998).

“Si yo lanzo los demonios en virtud y por poder divino, entonces es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios” (Lc 11,20). El poder de Cristo sobre los demonios es argumento de su divinidad o, cuanto menos, de su mesianidad. A través de ella, aquellos reconocían la supremacía y el poder sobrenatural de Cristo. Incluso algunos lo confiesan a pesar suyo, pues, como dice San Basilio de Cesarea, con Jesús “el diablo perdió su poder en presencia del Espíritu Santo” (De Spiritu Sancto, 19).

En la sinagoga de Cafarnaúm, el “hombre en poder del espíritu impuro” toma la ofensiva y siente como una quemadura al acercarse el Maestro y manifiesta su miedo con gritos espantosos, pero también su potencia adivinatoria, como ángel que es: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios”. “Jesús, entonces, le conminó diciendo: Cállate y sal de él” (Mc 1,24; cf. Lc 4,34).

Igualmente confiesan los demonios que habitan en el energúmeno de Gerasa: “Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?». Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo. Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos» (Mt 8,29-31).

San Lucas, al referirse a las jornadas de curaciones en Galilea, dice de modo más general: “Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo” (Lc 4,41).

Los demonios también manifestaban el poder de Cristo obedeciéndole cuando les mandaba con imperio salir de los hombres. Al demonio que dominaba al niño que le traen al pie del Tabor: “Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento” (Mt 17,18). Y de modo más genérico: “Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra” (Mt 8,16). En la sinagoga de Cafarnaúm: “Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen»” (Mc 1,25-27; cf. Lc 4,35). A los demonios que le pedían entrar en los puercos antes que volver al abismo: “Él les dijo: «Id». Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas” (Mt 8,32). En este episodio se basó Dostoievski en su novela “Los Demonios”, para presentar su tesis de que algunos personajes de cada tiempo hacen las veces de los puercos que absorben los demonios que andan rondando la sociedad. Al destruirse a sí mismos, exorcizan su tiempo. Habría que ver cómo acomodar la parábola del escritor, porque los demonios que rigen nuestra época, no parecen ahogarse rápido, y cuando lo hacen no destruyen chanchos sino las inteligencias y la fe.

Lo que es indudable es que los demonios –a su pesar– terminan por inclinarse ante Cristo, pues como dice San Pablo: “para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos (Fil 2,10).

La certeza de esta victoria, es nuestro consuelo. La fe cristiana es la doctrina de una victoria.

P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

20-7-2017

Un comentario:

  1. Padre , disculpe lo burra .
    Por qué los cerdos se han arrojado al mar , al precipicio ??
    Gracias ..

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