El amor desde las alcantarillas (P. Miguel A. Fuentes, IVE)

manbangladeshA pesar de que este artículo proviene de otra página, no quiero dejar de publicarlo porque es una historia que merece ser contada en honor de los muchos padres y madres que actúan tan heroicamente como el protagonista de esta historia. Son ejemplos que es necesario rescatar para mostrar que el bien es infinitamente más fuerte que el mal, y que el amor puede más que el odio y que la indiferencia. En nuestra época, ofuscada por las malas noticias de cada día, muchos pueden perder de vista que un acto heroico, realizado en lo escondido, tiene más entidad que todos los daños que otros hacen bajo la luz del sol… Y puede cambiar el rumbo de la historia y del mundo. Por eso la Historia verdadera la escriben los santos que nadie ve. Hasta aquí mi introducción. De aquí en más el artículo tal como lo publicó ForumLibertas.

Esta es una historia que habla del sacrificio y del verdadero amor de un padre que lo único que quiere es lo mejor para sus seres más preciados: sus hijas. El relato que leerás a continuación es realmente enternecedor y refleja el sentimiento de muchos padres, cuando quieren darles solo lo mejor a sus hijos.  Pero por las circunstancias que les han tocado vivir, no pueden, y tienen que resignarse a darles lo que su bolsillo les permite. Es el caso de Isdris, un humilde hombre trabajador de Bangladesh, cuya historia fue descubierta por el famoso fotógrafo GMB Akash. Él recogió en su cuenta de Instagram el conmovedor testimonio del hombre que trabajó sin descanso como limpiador de alcantarillas para que sus hijas pudieran ir a la universidad. Así relató el fotógrafo su historia:

“Nunca les dije a mis hijas cuál era mi trabajo. Nunca quise que se sintieran avergonzadas por mi culpa. Cuando la más pequeña me preguntaba a qué me dedicaba, solía decirle de forma titubeante que era un obrero.

Antes de llegar a casa todos los días, tomaba una ducha en baños públicos, de esa manera no dejaba ningún indicio del trabajo que hacía. Quería que mis hijas fueran a la escuela, que se educaran. Quería que se pararan frente a las personas con dignidad, que nadie las mirara hacia abajo como lo hicieron conmigo. La gente siempre me humillaba.

Invertí hasta el último centavo de mis ganancias en la educación de mis hijas. Nunca me compré una camisa nueva, usaba ese dinero para comprarles libros. Respeto era todo lo que quería ganar para mí. Era un limpiador.

El día anterior al último plazo de admisión de mi hija en la universidad, no tenía el dinero suficiente para costear su matrícula. No pude trabajar ese día. Me senté a un lado de la basura tratando de esconder mis lágrimas. No tenía fuerzas para trabajar.

Todos mis compañeros me miraban, pero ninguno se acercó a hablarme. Había fallado, tenía el corazón roto y ninguna idea de cómo le diría a mi hija que no podría pagar su colegiatura.

Nací pobre. Nada bueno le puede pasar a una persona pobre, creía. Después del trabajo, todos los trabajadores se acercaron a mí, se sentaron a un lado y me preguntaron si los consideraba hermanos.

Antes de que pudiera responder, pusieron todas sus ganancias del día en mi mano. Cuando traté de rechazarlas, todos me enfrentaron y dijeron: ‘moriremos de hambre hoy si es necesario, pero nuestra hija tiene que ir a la universidad’. No supe qué responder. Ese día no me bañé. Llegué a casa como un limpiador.

gmb-8Y aquel día, Idris llegó a su casa, sin bañarse, orgulloso de ser limpiador de alcantarillas. Sus hijas pudieron estudiar y romper el círculo de pobreza en el que habían nacido. Sus hijas lo abrazaron y al fin se dejó de sentir avergonzado. Continúa el hombre con el relato:

“Mi hija está a punto de terminar la universidad. Tres de ellas ya no me dejan trabajar. Mi hija consiguió un trabajo a medio tiempo y las otras tres dan asesorías. Pero, con frecuencia mi hija universitaria me lleva a mi lugar de trabajo. Y alimenta a mis compañeros, junto conmigo.

Ellos ríen y le preguntan por qué lo hace. Ella responde: ‘ustedes no comieron aquel día y así pude convertirme en lo que soy ahora; recen por mí para que pueda alimentarlos cada día’. Hoy en día ya no me siento un hombre pobre. Con hijas así, ¿quién podría serlo?”

El testimonio de un hombre con el que es imposible no conmoverse. Ya se dice que de tal palo, tal astilla. Y ya se ve que Isdris, en medio de la suciedad, logró levantar tres maravillosas mujeres, igual de nobles, con los mismos sentimientos de su padre.

Sobre el fotógrafo autor de la nota se puede leer aquí.

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