La libertad esclavizada y la psicología (P. Miguel Ángel Fuentes)

736497f2f6971e21ce055c00ad24c9b5_XLQuiero presentar un libro editado hace ya tres décadas, pero poco conocido y muy actual para psicólogos y psiquiatras, y no solo para ellos. Se trata de la obra póstuma de un prestigioso médico psiquiatra italiano, Giuseppe Vattuone, a quien tuve la fortuna de conocer pocos años antes de su muerte, acaecida en 1994. El libro en cuestión, publicado solo en italiano, se titula Libero pensiero e servo arbitrio (“Libre pensamiento y albedrío esclavo”), Ed. Scientifiche Italiane, Napoli 1994, 126 páginas. Vattuone, nació en Sestri Levante, el 17 de mayo de 1908, gozó de una amplia cultura y convencida fe católica al punto tal de hacer sólidas incursiones en el campo filosófico y teológico. Pero fue sobre todo un destacado especialista en su propio campo: el delicado territorio de la psiquiatría.

Su tesis de fondo guarda cierta analogía con la «logoterapia» de Viktor Frankl, fundada en las reservas espirituales del hombre; pero a diferencia del psiquiatra vienés sus postulados tienen una raigambre más directa en la filosofía, antropología y en la teología occidental, cristiana y tomista. Durante los últimos cincuenta años de su vida Vattuone practicó -con éxitos sorprendentes- el tratamiento de las enfermedades mentales partiendo de algunos principios de evidencia inmediata: la infinitud (potencial) del pensamiento humano, la libertad de la persona frente a las pulsiones inferiores, la debilidad radical de la voluntad caída en el pecado, la aspiración de la conciencia moral al Infinito, Dios, y la capacidad de una liberación interior.

En algunas obras anteriores había ya discutido rigurosamente tanto la validez de estos principios cuanto su valor terapéutico, al tiempo que refutó con precisión y severidad las taras esenciales de lo que denominó -y es el título de uno de sus escritos- «El falso científico materialista».

La tesis principal de este opúsculo es la libertad del hombre. Según Vattuone la existencia de la libertad y la trascendencencia del espíritu puede probarse rigurosamente y todo intento de reducción científica es cuanto menos absolutamente anticientífico. Por eso, en la primera parte del libro, el A. muestra con claridad y maestría la superioridad del espíritu sobre la materia, de la conciencia sobre el mundo informe y estático.

Pero el A. trasciende esta primera determinación para establecer que la libertad del hombre se funda en la justa conciencia de grandeza y, por consiguiente, cae sólo por obra de una injusta conciencia de inferioridad.

En esto consiste, por tanto, la verdadera libertad del hombre: en su acertada posición ante el Infinito, que es Dios. El A. repite constantemente: el hombre es infinito, tiene conciencia de infinito, el pensamiento es infinito y libre. Para evitar confusiones a raíz de su singular terminología el mismo Vattuone se remite a la nota aclaratoria que sobre su concepto de infinito publicó tiempo atrás la redacción de la Revista Gladius (como nota aclaratoria de su artículo La enfermedad del hombre moderno; cf. Revista Gladius 7 [1986], p. 68) donde se traduce el «infinito» vattuoniano como la infinitud potencial (basada en la potencia obediencial) de los escolásticos, expresando, por tanto, la inefabilidad y trascendencia del hombre y de sus potencias.

De este modo, la gran verdad que defiende Vattuone es que el hombre tiene infinita capacidad, o capacidad de Infinito, es decir, de Dios. Y es en el reconocimiento de ésta -«su verdad»- que el hombre toma auténtica conciencia de lo que él es; y viviendo o encarnándola en su vida podrá alcanzar la plenitud a la que ha sido llamado. El hombre es plenamente hombre cuando reconoce la altura de su condición humana y singularmente cuando reconoce la altura de su vocación sobrenatural: la filiación divina adoptiva. La libertad alcanza su plenitud cuando se manifiesta como desarrollo de esta infinitud del hombre en Dios.

Por el contrario, la negación de esta verdad ontológica está, según Vattuone, en la base de todo error del hombre: ya sea moral (en la base de todo pecado) o psíquico (en el trasfondo de toda enfermedad mental). En efecto, «el hombre puede errar contra sí mismo» y esto en un solo sentido: «respecto de su normal conciencia de ser grande al infinito en Dios, el hombre no puede errar agrandándose de más, porque no podrá jamás juzgarse más grande que la conciencia de su propio infinito en Dios» (p. 59). Nunca puede considerarse más grande que cuando se considera infinito por su inclinación y capacidad del Dios Infinito. Puede, en cambio, «errar contra sí mismo y esto únicmanete haciéndose más pequeño, juzgándose inferior a su ser infinito en Dios: hasta el punto de construirse una conciencia injusta de inferioridad respecto de todos y de todo» (p. 60). Como consecuencia, «ve a todos y a todo más grandes que él, tiene miedo de todos y de todo y vive en continuo estado de defensa contra todos y contra todo, porque los cree peligrosos para su existencia» (ibid). Y si no se corrige de su error «puede sufrir su propio error, creándose un automatismo de conciencia esclava y envilecerse, autonegarse, como hace por ejemplo el ‘deprimido’ en la patología mental; o bien puede reaccionar compensativamente a la idea de inferioridad, engrandeciéndose en modo anómalo o desmesuradamente, como hace, por ejemplo, el ‘maniático’ de la patología mental… En ambos casos… expresan… el miedo de no ser lo que son en realidad: grandes infinitamente en Dios» (p. 60). Esta ausencia de referencia actual o habitual a Dios que es propia de todo pecado y de toda enfermedad mental -y los miedos y negaciones que le siguen como consecuencia- constituyen lo que Vattuone llama «la conciencia esclava».

De este modo Vattuone explica tanto la tara moral del pecado como fuga de Dios, y las taras psicológicas (entre una y otra se da analogía, pero no univocidad). Y en esto consistirá precisamente el núcleo fundamental de su logoterapia: en hacer tomar conciencia al hombre de su «verdad original», es decir, llevarlo a tomar conciencia verdadera (humilde) de que posee una auténtica grandeza y de que ésta radica en su creaturabilidad, dependencia y tendencia finalizada en Dios: el hombre enfermo moral o psíquicamente no se da cuenta de cuánto es y cuánto vale. En términos morales equivale a la conversión; en conceptos médicos es una vía terapéutica de cuya factibilidad y eficacia son válido testimonio la trayectoria médica y científica del mismo Autor del libro.

La negación de esta formulación general está representada por la actitud esencial que hace de trasfondo a todo pecado (el A. lo analiza en la rebelión de los ángeles, en el pecado de Adán, en el pecado del singular), y doctrinalmente en el planteamiento sistemático del llamado «libre pensamiento», el cual a través de la gnosis renacentista y de la Reforma protestante abre y signa la crisis del hombre y del mundo moderno. Para el libre pensamiento el hombre está dotado de un poder intelectual infinito y de una libertad infinita, a tal punto de que es autor y juez absoluto de sus propias leyes, y esto se basaría en el instinto primigenio de conservación de su existencia, es decir: en su misma constitución ontológica (cf. p. 11).

Por eso, permeando la doctrina esencial de la cultura moderna, esta negación de la verdad del hombre consituye la «base» de la conciencia esclava que caracteriza al hombre moderno. Lutero, al negar -sacando las consecuencias de las tesis gnósticas renacimentales- la libertad con su doctrina del servo arbitrio (albedrío esclavo), es el más preclaro representante de esta corriente.

 

P. Miguel Angel Fuentes

2 comentarios:

  1. Se puede conseguir en español? No encontré ningún sitio en Internet donde haga referencia al mismo. Muchas gracias.

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